Norteamérica fragmentada: México no gana

2026-08-25 04:05:29 - MUNDO

México no tiene ninguna ventaja que obtener en la guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá. Al contrario, los que están de pleito son los otros dos socios del acuerdo comercial del que depende este país casi en su totalidad para las ventas al exterior.

En ese afán del gobierno de Donald Trump de tratar con desdén a sus vecinos, su administración pierde de vista que, en materia industrial, los tres países han constituido cadenas de valor que ya no tienen nada que ver con las fronteras políticas. La interrupción de esos flujos, en sectores como el automotriz, el energético o el electrónico solo implica cuellos de botella logísticos y sobrecostos para todo el bloque norteamericano.

La Casa Blanca decide lanzarse en una cruzada económica en contra de Irán, afectando intereses de China y Rusia, a la par que declara una guerra comercial en contra de un país vecino que resulta simbiótico para Estados Unidos.

Los psicólogos explicarían esta conducta llevada al nivel de políticas de Estado como una "tétrada oscura", que agrupa cuatro rasgos de personalidad no tan difíciles de encontrar en muchos liderazgos: narcisismo, maquiavelismo, psicopatía y sadismo. Que los expertos clíticos diagnostiquen a los personajes, pero muchas de estas actitudes parecen presentes en decisiones como coquetear con Corea del Norte, pero castigar a los socios comerciales más leales.

El acuerdo que sostiene el comercio norteamericano es trilateral; si dos están en guerra, su destino puede ser la muerte lenta durante los próximos 10 años de lo poco que se pueda rescatar tras la disputa en curso. Y para México, queda constancia de la falta de garantías de no sufrir un destino similar al canadiense ante cualquier arranque punitivo de Washington.

La administración de Donald Trump ha vinculado explícitamente el acceso comercial a compromisos no arancelarios muy sensibles, como el combate al crimen organizado, los controles migratorios y las operaciones de seguridad fronteriza. En este contexto, las rondas de negociación bilateral entre el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y el representante comercial Jamieson Greer no se limitan a los aspectos estrictamente técnicos, como las complicadas reglas de origen, sino que exigen otro tipo de concesiones políticas.

No, México no obtiene ventajas de un pleito entre Estados Unidos y Canadá; solo refuerza la certeza de la impredecibilidad de las decisiones de Trump y mina el T-MEC que, con el respaldo legislativo de los tres países, sostiene una base tripartita para el comercio.

Este país pierde mucho con esta guerra, porque es prácticamente una garantía que el acuerdo actual no alcanzará un pacto de renovación. A lo más que podría aspirarse, si no se pierde la sensatez y el sentido común, es a que el T-MEC viva de revisiones anuales mientras se agota su vida pactada, lo que evidentemente desgasta más la certidumbre jurídica de largo plazo, indispensable para atraer inversiones.

En conclusión, México no obtiene ningún beneficio real de una Norteamérica fragmentada. La ilusión de una ganancia temporal por la sustitución de bienes canadienses palidece frente al riesgo real de ser la siguiente víctima de un nuevo castigo arancelario.

Fuente: google.com
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