"¡Chikungunya, espántalo y que huya!." Secretaría de Salud
Durante años, el chikungunya fue tratado en México como una amenaza pasajera: una enfermedad que aparece con las lluvias, acompaña los brotes de dengue y luego desaparece de la conversación pública. Esa lectura es equivocada. No es una fiebre tropical de consecuencias breves, sino un padecimiento capaz de dejar dolor articular, incapacidad y deterioro de la calidad de vida durante meses o años. Es, además, una advertencia sobre las brechas persistentes en nuestro sistema de prevención.
Una reciente contribución científica mexicana merece atención más allá de los círculos médicos. El documento Advancing Chikungunya Prevention and Vaccination in Mexico, elaborado por integrantes del Comité de Inmunización de la Asociación Mexicana de Infectología Pediátrica y publicado en Vaccines, propone una ruta sólida para enfrentar esta amenaza desde una perspectiva de salud pública, en lugar de improvisar ante una emergencia.
Su valor radica en no presentar la vacuna como solución milagrosa ni en reducir la prevención a fumigaciones ocasionales. Plantea una estrategia integral: vigilancia epidemiológica, diagnóstico oportuno, control vectorial, monitoreo climático y genómico, participación comunitaria, evaluación económica y, cuando la evidencia y la regulación lo justifiquen, vacunación focalizada.
El chikungunya llegó a México en 2014. Tras un caso importado en Jalisco, se documentó una transmisión autóctona en Chiapas. En 2015, el país registró más de 12.500 casos autóctonos confirmados, principalmente en el sur y en las costas. Aunque la notificación ha disminuido desde 2019, el riesgo persiste: los mosquitos Aedes aegypti y Aedes albopictus siguen presentes, al igual que la intermitencia del agua, el almacenamiento doméstico, la urbanización precaria, la desigualdad y las deficiencias de saneamiento que favorecen su transmisión.
La experiencia de las Américas impide la complacencia. La región reportó 410.754 casos y 419 defunciones en 2023; en 2024, sumó 431.417 casos y 245 defunciones. Durante 2025, se notificaron 313.132 casos y 170 fallecimientos. Detrás de esas cifras hay personas enfermas, familias cuidadoras, jornadas laborales perdidas y costos evitables para los sistemas de salud.
El cuadro suele comenzar con fiebre alta y dolor articular intenso, acompañado de mialgias, cefalea y exantema. Sin embargo, su impacto rebasa la fase aguda. En una proporción relevante de pacientes, el dolor y la inflamación persisten durante más de tres meses y pueden evolucionar hacia artritis crónica, fatiga, limitación funcional y pérdida de calidad de vida. También pueden presentarse complicaciones neurológicas, cardíacas, hepáticas, renales u oculares, sobre todo en recién nacidos, personas mayores, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas.
No existe un antiviral específico que modifique de manera decisiva la enfermedad. El tratamiento es principalmente de soporte y, donde también circula dengue, los antiinflamatorios deben utilizarse con cautela hasta descartarlo por el riesgo de sangrado. Por eso, la prevención no es un complemento: es nuestra principal herramienta.
Los especialistas proponen reforzar la vigilancia de casos, laboratorios, mosquitos, clima y genomas virales; identificar estados, municipios y grupos de mayor riesgo; mejorar el diagnóstico diferencial frente al dengue y el Zika; evaluar la seguridad, factibilidad, impacto y costo-efectividad de la vacunación; y realizar proyectos demostrativos antes de incorporarla a gran escala. México no debe copiar decisiones ajenas ni precipitar una vacunación universal sin información suficiente. Debe generar evidencia propia y tomar decisiones soberanas, técnicamente sólidas y financieramente responsables.
La aparición de las vacunas abre una posibilidad inédita. El documento analiza dos tecnologías autorizadas en distintas jurisdicciones: Ixchiq, vacuna viva atenuada, y Vimkunya, vacuna no replicante basada en partículas similares a virus. Ambas se administran en una sola dosis, pero difieren en indicaciones, contraindicaciones, evidencia y perfiles de seguridad.
Ixchiq produjo una respuesta inmunológica elevada en estudios clínicos, pero la vigilancia posterior identificó eventos adversos graves infrecuentes, especialmente en personas mayores con múltiples enfermedades. La FDA estadounidense suspendió su licencia biológica en agosto de 2025; en enero de 2026, el fabricante descontinuó su producción y solicitó la revocación voluntaria de dicha licencia. Vimkunya presenta datos favorables de inmunogenicidad y tolerabilidad, aunque la evidencia sobre su efectividad en condiciones reales y la duración de la protección sigue siendo limitada.
La innovación biomédica debe recibirse con esperanza, pero no con ingenuidad. Hay que evitar tanto el inmovilismo ante la incertidumbre como el entusiasmo acrítico que convierte la disponibilidad de una vacuna en una campaña masiva. La pregunta no es simplemente si México debe vacunar, sino a quiénes, dónde, cuándo, con qué producto, bajo qué criterios regulatorios y con qué sistema de farmacovigilancia.
La historia del dengue, Zika y chikungunya muestra un mismo ecosistema de riesgo: cambio climático, movilidad poblacional, urbanización desordenada, insuficiencias en el suministro de agua y en el saneamiento, desigualdad y amplia presencia de mosquitos transmisores. Combatirlo exige agua segura y continua; eliminación de criaderos; vigilancia entomológica permanente; pruebas diagnósticas accesibles; datos abiertos y oportunos; coordinación entre la federación, los estados y los municipios; campañas comunitarias sostenidas; y servicios capaces de atender y dar seguimiento a las complicaciones articulares crónicas.
También exige una economía de la salud. Cada caso puede implicar consultas, estudios, medicamentos, incapacidad laboral, cuidados familiares, rehabilitación y atención reumatológica prolongada. La falta de evaluaciones económicas mexicanas no justifica ignorar el problema; obliga a producir la información necesaria para orientar los recursos hacia las intervenciones de mayor valor social.
No esperemos a que un nuevo brote nos obligue a improvisar. México cuenta con científicos, instituciones, redes de vigilancia y experiencia. Falta transformar ese conocimiento en política pública. La prevención del chikungunya no dependerá de una sola vacuna, campaña o dependencia, sino de una estrategia de Estado capaz de proteger a las personas antes de que el dolor, la discapacidad y la enfermedad lleguen a sus hogares.
Posdata. Agradezco al Dr. Enrique Chacón Cruz y a sus colegas el envío del artículo citado en esta editorial y lo felicito por formar parte de este grupo de investigadores entusiastas y brillantes que luchan día a día por una mejor salud global.
[1] Vázquez-Narváez, J. A., Avilés-Robles, M., Espinosa-Sotero, C., Martínez-Longoria, C. A., Moreno-Espinosa, S., Reyes-Berlanga, M. L., y Chacón-Cruz, E. (2026). "Advancing Chikungunya Prevention and Vaccination in Mexico: A Position Paper by the Immunization Committee of the Mexican Association of Pediatric Infectious Diseases". Vaccines, 14, 756.
[2] Organización Panamericana de la Salud. (2026a, 11 de febrero). Aumentan los casos de chikungunya en países de las Américas; la OPS recomienda preparación. En: https://www.paho.org/es/noticias/11-2-2026-aumentan-casos-chikungunya-paises-americas-ops-recomienda-preparacion.
[3] U.S. Food and Drug Administration. (2025, 25 de agosto). FDA update on the safety of Ixchiq (chikungunya vaccine, live): FDA suspends biologics license. En: https://www.fda.gov/safety/medical-product-safety-information/fda-update-safety-ixchiq-chikungunya-vaccine-live-fda-suspends-biologics-license-fda-safety.
*El autor (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de la UNITE Parliamentarians Network for Global Health.
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